Ley Antitabaco

Poco queda por añadir al debate relativo a la ley antitabaco, y menos a estas alturas. Sin embargo, como sigue habiendo empresarios y clientes con ganas de reivindicar una modificación de la Ley, me gustaría aportar mi punto de vista.

La pelea entre fumadores reclamando libertad y los no-fumadores reclamando su derecho a no tragar humo es vieja, y no aporta argumentos nuevos.  Pero además, siempre he pensado que hay un aspecto sobre el que pocos se acuerdan de hablar: la exposición obligatoria de los trabajadores de hostelería al humo de tabaco.

Lo más curioso de esto no es que la historia quede fuera del debate, sino que este tipo de exposición haya quedado fuera de la legislación de prevención de riesgos laborales. Los efectos del tabaco sobre los fumadores y no fumadores son de sobra conocidos, y sin embargo la extensa legislación técnica sobre seguridad y salud en el trabajo ha obviado por completo considerar esta sustancia como un agente cancerígeno o al menos tóxico.

Claro que, el tabaco, como agente tóxico es relativamente difícil de evaluar. Desde el punto de vista de la higiene industrial, si no existen un límite ambiental o de exposición establecidos, resulta de poca utilidad hacer mediciones de la concentración de humo en el medio, puesto que no hay un valor de referencia con que comparar los resultados obtenidos. Bien es verdad, que sin ser médico, me atrevería a decir que ninguna exposición es segura del todo, y por tanto, me inclinaría a proponer que las medidas vayan hacia la sustitución o eliminación del contaminante en los mismo términos que se hace para agentes muy tóxicos o agentes biológicos de categoría 3 o 4.

Otro aspecto que va en contra de la evaluación de la exposición al humo de tabaco es que es complicado controlar la fuente, el humo proviene tanto de trabajadores, como de clientes, y difícilmente se podrá regular su consumo de acuerdo con un patrón horario que mantenga las concentraciones dentro de un intervalo controlado.

Finalmente, resulta obvio decir que el humo se origina en una actividad que nada tiene que ver con la actividad principal de ninguna empresa. Esto es, permitiendo fumar en un centro de trabajo, estamos introduciendo un contaminante en el ambiente, completamente innecesario para la actividad productiva, pero al que sin embargo habrá personas expuestas como consecuencia de su trabajo (o de la ubicación de su puesto de trabajo.

Es por todo esto que encuentro que la ley antitabaco no solo era necesaria por una cuestión de salud pública, sino para llenar un vacío que existe en la legislación laboral.

Y de verdad que entiendo que los fumadores están en su derecho de envenenarse como quieran, pero lamentablemente resulta complicado evitar controlar que el humo que producen no alcance a otras personas, salvo por métodos de extracción localizada, pero recordemos que es más efectivo actuar sobre el foco que sobre el medio, y sobre todo que una red de extractores supone una inversión relativamente elevada, y un sobrecoste energético que no todas las empresas pueden soportar.

Y sí, hay empleados de hostelería que consideran que no tienen problema en tragarse el humo,  claro que también hay obreros que consideran que ponerse un casco y un arnés anticaídas es cosa de flojos y no por eso permitimos que trabajen en altura sin ellos.

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