Usar y Tirar

Es llamativa la cantidad de objetos desechables que usamos a diario. Los envases y embalajes son un ejemplo muy evidente; aunque no conozco las cifras, sospecho que suponen un porcentaje bastante elevado de la basura que se acumula en los vertederos. Es más, si separamos la basura orgánica de los envases, solo hace falta ver el volumen de una bolsa y de la otra para un mismo periodo de tiempo. Para cuando el lado del cubo de envases está lleno, solo hemos ocupado una pequeña parte del lado de basura orgánica.

Pero los envases y embalajes no son los únicos objetos pensados para usar y tirar. Hay toda una cultura de  los objetos de un solo uso. Desde hace un tiempo me he obsesionado con las sombrillitas y demás adornos que se usan en hostelería. No voy a negar que la copa de helado queda más bonita con ese toque de color, pero siendo prácticos se trata de un objeto cuya vida útil será de unos 30 segundos, lo que tarda el camarero en ponerme la copa de helado delante. Acto seguido yo retiraré el adorno, lo pondré a un lado y empezaré a comer. Eventualmente podría utilizarlo para sacarme una foto graciosa, pero nada más. Si el local guarda unas mínimas normas de higiene, lo eliminará en cuanto recoja los platos. Así que se ha procesado madera y plástico para hacer un objeto cuya función es puramente decorativa, pero además extremadamente efímera. Por una sombrillita no pasa nada… pero ¿cuántas se usarán al día en el mundo? ¿No será demasiada madera y plástico gastados para nada?

Y ¿Qué decir de los platos, cubiertos, vasos y manteles desechables? Sí ,es verdad que te permiten celebrar una reunión sin poner en peligro tu propia vajilla, y te simplifican la limpieza (porque todo va a la basura), pero ¿es o no es un desfpilfarro de recursos? Estoy segura de que si le contamos esto a cualquier miembro de una tribu de África o del Amazonas nos mirarán como si estuvieramos absolutamente locos.

Pero no estamos perdidos del todo, solo hay que tomar ejemplo de aquellas actuaciones que intentan paliar este efecto, y fomentarlas. Hablo de cascos de bebida retornables, bolsas reutilizables, botellas y vasos rellenables, tarjetas de transporte público magnéticas que simplemente se recargan (en lugar de tirar millones de tickets de plástico), y también de reducción de embalajes inútiles, como esas cajes de perfumes de diseño, que después de extraer la botellita van a la basura. Ya hay empresas y diseñadores trabajando en esta línea, solo hay que darle alas al asunto. Y en plano político, los ciudadanos deberíamos pedir a nuestras administraciones que legislen hacia la prohibición de productos de un solo uso (Con la salvedad claro está de aquel material cuya reutilización suponga un peligro para la salud de las personas), en favor de la fabricación de productos con una mayor vida útil.

Recordemos que los recursos materiales y energéticos del planeta no son ilimitados, y aunque algunos de ellos puedan ser renovables, consumimos a un ritmo muy superior a la capacidad de regeneración de éstos.

Se trata de recuperar el equilibrio, que como cualquier ingeniero químico sabe significa Entrada + Generación = Salida + Acumulación.

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